2020-01-30

Familiarización con el medio acuático: Vencer el Miedo y vergüenza

Familiarización con el medio acuático
Imagina la siguiente situación: Tienes 5 años, sabes de un lugar muy peligroso al cual no debes acercarte, no sabes muy bien por qué, sólo sabes que tus padres se ponen muy nerviosos cuando te acercas a ese lugar. De pronto, llega el verano y tus padres te cuentan que entrarás a ese lugar peligroso con un completo desconocido. ¿Querrías ir? Probablemente no.

Esa situación es la que viven muchos niños cuando son inscritos por primera vez en clases de natación: Sus padres o cuidadores, que por supuesto quieren protegerlos, les han hablado de los peligros de la piscina y como para ellos la piscina no es un lugar que disfruten demasiado, no juegan con los niños en el agua, por lo que deciden llevarlos a clases de natación con un profesor, que es un completo desconocido para el niño. A mi entender, es esperable que el niño esté asustado, no quiera entrar al agua y rompa en llanto cuando insistimos.

Un niño asustado, difícilmente aprenda nuevas habilidades, en particular, habilidades acuáticas. Necesita sentir tranquilidad para aprender y uno de los medios para entregarla es la familiarización con el lugar y las personas a su alrededor. Hablar con el instructor, caminar alrededor de la piscina y conocer de antemano el entorno, vestidores por ejemplo, pueden ser un buen comienzo para adquirir esa tranquilidad. A la hora de entrar al agua, es posible que el niño necesite la presencia de un adulto conocido, para la cual no es difícil encontrar clases diseñadas con esta posibilidad, pero es fundamental que el adulto que lo acompañe esté completamente tranquilo y a gusto en el agua, para evitar transmitir miedo al niño. El nivel de inicio del proceso de familiarización no debe estar predefinido, sino que debe responder a las necesidades individuales del niño.

Si el niño acepta quedarse en la clase "sólo" con el instructor, es posible que no quiera participar de los ejercicios y juegos propuestos, quedándose en brazos del instructor o incluso observando desde el borde. Esta situación me parece perfectamente normal y en ella es necesario apelar a su curiosidad natural e invitarlo a participar mostrando lo divertido que puede ser el estar en la piscina. Si el niño está gran parte de la primera clase sentado en el borde observando, sin entrar al agua, la clase no es necesariamente un clase perdida, puede ser precisamente lo que el niño necesita antes de entrar al agua. 

En el caso de los adultos, un proceso de familiarización es igualmente necesario, de modo de vencer dos barreras fundamentales: el miedo y la vergüenza. Muchos inician las primeras clases esperando que el instructor les entregue las instrucciones que les permitirán adquirir las habilidades que a su vez les darán seguridad en el agua. Preguntas como "¿qué hago para flotar?" o "¿cómo muevo los brazos?" son muy comunes. Sin embargo dar instrucciones precisas para evitar errores no es la idea, sino que la idea es mostrar que los errores son una parte natural del proceso de aprendizaje y no algo terrible que debemos evitar. (¡en el peor de los casos tragaré algo de agua!).

El aprendizaje de habilidades motrices, en particular las acuáticas, no es lineal. Recibir instrucciones, ejecutarlas y repetir de acuerdo a las correcciones del instructor, simplemente no funciona. Es posible que funcione en algunos contextos fuera del agua, pero en la piscina, donde las sensaciones del nadador son tan relevantes, pretender "seguir una receta" detallada, entregada por el instructor, simplemente, no funciona.

El temor y la vergüenza deben ser enfrentados mientras se aprenden nuevas habilidades, estas nuevas habilidades ayudarán a vencer el temor y la vergüenza, lo que hará más sencillo el aprendizaje de otras habilidades. Este es el proceso que debemos echar a andar, para lo que el nadador principiante debe estar dispuesto a ponerse en situaciones incómodas. No basta con dar indicaciones o información respecto de la ausencia de peligro, esto se debe sentir y experimentar. Por ejemplo, si una persona tiene temor a tragar agua, no basta con enseñarle a coordinar la respiración con la entrada y salida de la cara del agua, sin que además debemos poco a poco exponerla a situaciones donde trague agua por accidente, de modo que se de cuenta que no pasa nada terrible.

Los instructores debemos entender donde está el temor de los aprendices, hay algunos que no tienen problemas en sumergir la cara, mientras tengan bien apoyados los pies, otros flotan y se desplazan, pero sin sumergir la cara y otros flotan, se desplazan y sumergen la cara, siempre y cuando estén en la zona poco profunda. Los instructores debemos conocer lo que pasa con cada alumno de modo de proponer tareas motrices desafiantes, pero acordes a sus posibilidades, en un ambiente donde ellos sientan la confianza suficiente para intentar nuevas habilidades acuáticas, sin temor ni vergüenza por los posibles errores que cometan.

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